Los días van pasando, jornada continua de verano con tardes agotadoras de playa hasta la puesta del sol y luego.... intentar descansar a una hora temprana porque mañana toca un madrugón fuera de lo común..Y así hasta agotar el tan deseado verano que se fue casi sin avisar, menos mal que aún me queda el viaje hacia la paz de Fuerteventura, donde ya casi es una tradición descansar sin zapatos ni reloj y volver al otoño, empezando así otra vez la cuenta atrás hacia el próximo verano para aguantar de la mejor manera posible la progresiva falta de luz, de calor, de puestas de sol...
Y en eso te pasa la vida, así sin más, es como cuando éramos pequeñas y queríamos crecer pensando que era lo mejor que nos podía pasar y así no disfrutamos a tope de la infancia pubertad e incluso adolescencia ( !pero porque nadie me avisó!)( ¿acaso hubiese valido de algo? ja,ja).
Imagino que la clave está en disfrutar de cada instante en la justa medida olvidándonos del ayer y del mañana. Probablemente sólo en la consciencia del final de nuestro camino seamos dueños de nuestra actitud hacía nuestra poca vida ya. Menuda mierda!

El viento sacude los árboles que bordean la playa. El oleaje bate la mar y se encrespa la bahía. Camino por la costa, bien alto el cuello del abrigo, guantes y bufanda en bandolera, mientras el frío congela mi cara. Podría jurar que tengo estalactitas en la barba mientras entrecierro los ojos mirando el horizonte sintiendo que la vida es solo un pájaro sin más destino que el verano...